Saturday, August 19, 2006

Crónicas de la segunda muerte

Este conjunto obtuvo el Primer Premio del Concurso de Poesía Universitaria "Apollinaire" organizado por el Grupo Palas y la Universidad Federico Santa María de Valparaíso en el año 1984. Nunca fue publicado como tal. Los poemas que figuran en ZONA TRANSITIVA fueron escritos basándose en éstos y, en rigor, constituyen textos distintos. Sin embargo, con Pedro Jara, el editor de Caballo de Proa, creímos oportuno, publicar este último conjunto como los poemas ganadores del concurso, lo que, de una forma muy mediata, es cierto.

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CRÓNICAS DE LA SEGUNDA MUERTE
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1979 – 1984

David Miralles




“Timidis autem, et incredulis,
Et execratis, et homicides, et
Fornicatoribus, et veneficis,
Et idolatris, et omnibus
Mendacibus, pars illorum erit
In stagno ardenti igne, et
Sulphure: quod est mors secunda.”

Apocalypsis de San Juan.
Versículo 8, Capítulo XXI.



Para Juan Luis
En su segunda muerte



1

ULTIMA PÁGINA



Fogatas sobre la tierra aniquilada.
Después de un siglo la luz de los campamentos permanece
Y en el riesgo se descubren gestos todavía hermosos.
Humedad sin límites.
Mientras aplican la ley de la gravitación universal.

Solíamos vagar en la frescura de aquel parque.
Guardo las imágenes:
La luz entre las hojas a punto de caer.
La luz consumiendo ese momento.

Hace un siglo se promulgaron leyes contra ti.
Leyes naturales:
Frío durable.
Pero nos fabricamos un rostro de cartón:
Una máscara de guerra.
El miedo nos cambiaba.
-in god we've trust, but god was gringo-
Y seguíamos allí,
golpeados por el agua salada,
arrojados a la costa por las olas del pacífico.
-Podría recordar todos los detalles con una regresión-
Nombres famosos envueltos en el cielo agonizante,
Manos sangrientas desfalleciendo cerca de tus rododendros.
Odio suficiente para vencer la gravedad.


PARAÍSO PERDIDO

Las paredes destruídas de nuestro paraíso:
El bronce, el hierro, el oro viejo.
Angeles y policías:
Seres absolutos contra imágenes de barro.
Nuestra metamorfosis:
Primero, nos arrastraron sobre el polvo
hasta el borde de las aguas donde terminaba el mundo.
Estas aguas eran rojas y extensas y el espíritu sobrevolaba sobre ellas.
Luego, la prohibición de nuestro calendario.

Las escenas pudieron transcurrir
en las instalaciones de un campo deportivo
o en la dudosa intimidad de un baño público.
Reflectores, electroshocks, circuitos cerrados.
Protagonistas, los hijos del Gran Khan.
Antagonistas, los hombres del Mesías.
Que los pensamientos caigan.
Que los pájaros desde Tierra del Fuego
traigan sus mensajes.
Otro amanecer menos intenso.
Todo marcha bien, leémos.

Los campos anegados. Los campos rojos
El sueño sobresaltado de las masas.
Alguien sin facciones se arrastra hasta el banquillo
donde los jueces excrutan la verdad;
donde administran mortales fantasías.

Roto lo inefable, lo profundo del bosque, el canto,
la tierra flota indefensa
en el espacio perverso, sin extremos norte o sur.

Caminando en círculos,
linternas en las manos.
El viento enrojecido por los arenales pasa
y tiembla el corazón de acero y plexiglass.
Se desgasta el mecanismo del viento
Las siluetas en los parques no se hablan.
Sombras en los muros de cartón.
sobre la tierra envilecida.
El bronce, el hierro
de los guardias en los prados de la ciudad
El polvo que oculta los miembros,
las raíces que tampoco explican nada.
Alguien llora entre las grietas,
pero aún se duda de las almas.


3.

MEDITACION EN FUGA.

Me despido de las nubes
que dormitan sobre la ciudad caída,
reflejadas contra el vientre
de los charcos abiertos por la lluvia.

Un odio antiguo se alza desde el sueño.

Mis recuerdos:
las bestiales escenas de un amor de juventud.
El tono bronceado de tu piel.
Las manos abiertas para el hierro del verdugo.

Pienso en líquenes.
En formas imprecisas,
indicios de un naufragio
que olvidábamos.
En unas flores agonizantes sobre la mesa.
En esa fotografía en que aparecemos seguros,
trasfondo de cielos abiertos,
abrazados a esa nada.
Exhalando un anacrónico aspecto de felicidad.

4

COMEDIA PARA UNOS

Ancianos inmóviles en la plaza
Bajo el follaje chamuscado
por los 200 watts de la lámpara solar.
Han desaparecido los muchachos;
las chicas del colegio cercano.
Los pájaros trepan hacia las altas ramas
hacia la claridad artificial del paraíso
donde habría que cantar.

Pero es la estampa de la muerte.

Hundidos en nuestras habitaciones
como elegantes cadáveres
esperando el cambio de estación.
Sin probar bocado.
Sin levantar el teléfono.
Sin extrañarnos del silencio.

Quizás el agua habría purificado vuestro cuerpo.
El más bello del mercado.
Sin embargo, tras un grito de agonía,
surgías de nuevo en las pantallas
mientras el miedo se apoderaba de nosotros,
protegiéndonos.
Imaginábamos ventanas que daban al futuro,
pero sólo era el cansancio o la locura.

“Nos hemos salvado” – explicabas-
Pero cerca de la frontera de nuestra habitación
Se extendía el caos.
Todavía los ojos alertas sobre la plaza
donde los ancianos terminaban con la luz.


5

GRAFITTI

Escribir una palabra
i soportar el peso de las sombras.
La inscripción de sol
Sobre las piedras húmedas.
Sufrir una débil palabra esperanza
Flotando en el foso entre las hojas muertas.
Fluir en la corriente temblorosa
De unos ojos inútilmente abiertos.
Escribir la palabra imposible
En noche oscura.
Arrancar una certeza
Desde la tierra envilecida
Por los pasos enemigos.
Escribir una última palabra
En las murallas.
Estos versos de piedra
En el granito
Entre las sombras de basalto
Para avergonzarlos.


6

RETRATO VENCIDO

Escuché tus pasos abandonar el universo.
Querías desnudarte en la cama natal.
Abandonar las calles.
El cansancio de caer un poco más
cada mañana.
Te lo negaron.

Escuché las trompetas de tu juicio.
El viento en Nueva York,
El viento ardiente
o el viento congelado
arrastrando partículas de odio.
Tus palabras desnudas
que no pudieron llegar
hasta sus puertos de papel,
te condenaban.

Afuera está lloviendo hace años
y en el aire fluyen pestilencias
mientras suenan las sirenas de los barcos
como en alguna fantasía.
Como sonaba ya tu hora y estabas lejos,
oscurecíendo otras páginas,
pero nunca lejos del dolor.

Ahora la lluvia te toma por los hombros
y te confunde con el barro.
La muerte puede ser esa paloma que abre los brazos
bajo el estrecho cielo de las torres de la quinta avenida.
Mientras, la fiebre dorada te estremece
fingiendo que te ama.
Y tú le crees.
Tú, como siempre, le crees.

7

DE PERFIL

“Con la frente en el vidrio
Velamos el nuevo dolor”

Odiseo Elytis

Un vendaval de pájaros oscurece nuestra historia.

Vestías una blusa azul
y llevabas tu desconsuelo gris.
También la mañana con su roñosa luz
al salir
sin mirar atrás.

El día que te fuiste,
tus pasos se perdieron en el frío y en la bruma
en las calles de otra vida de la que nada supe.
Tu cuerpo despertó de pronto en el autobús,
entre los tuyos.
Se dirigía por calles desgarradas,
avanzando entre el dolor de un nuevo día.
Y la emoción, el presentimiento
de algo nuevo y definitivo.
Tal vez un encuentro con Dios en los suburbios.
En cambio, en el sitio del suceso
encontraste tu cara
en una vitrina de calle Concepción.
Estabas desnuda y dolías
apoyando tu frente en el vidrio helado que te exhibía.
Y llorabas.
Mientras yo soñaba con acercarme
con las manos vacías.

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