10 agosto 2008

Ser racional

Trato de ser lógico

sacudiéndome el polvo

del último derrumbe

Aunque sentado sobre los escombros

la razón parece apenas una flor blancuzca

llena de ceniza

Pero a pesar de todo

trato de ser lógico

Pienso en la construcción de un arma eficaz

un escudo de misiles

a cuya sombra

nuestra casa por fin pudiera

protegernos

y pudiéramos entonces

desnudarnos

y conocernos, por fin.

Sin embargo, la ciudad chamuscada

humea por los cuatro costados

y de acuerdo con esta lógica

siento unos deseos irresistibles de fumar

pues un buen cigarrillo suele calmar los nervios

Así que de pronto

me sorprendo imitando el gesto

de un antiguo maestro

quien, antes de iniciar sus disquisiciones,

acostumbraba a encender un pitillo

cubriendo el fuego con las manos

como si se encontrara en medio

de la peor tormenta

y arrojando luego el humo

hacia el desvanecido cielorraso del salón

solía pronunciar estas misteriosas palabras:

nada hay

que no tenga una explicación”

05 agosto 2008

Gingerbread Village

A través de los cristales, la carretera 126
y más allá el bosque profundo
habitado por aquellas criaturas en extinción
que el buen Dios ha abandonado a su suerte.
Y acá la misma muerte
que nos tiende la mano.
¿Qué me has dado en este sorbo
que sabe tan real
oh, Amy?
(¿Es ese tu verdadero nombre?)
con esos ojos tan azules
y esa sonrisa tan dulce
y ese aroma de mañana del jurásico.
¿Te sabrás habitante de la fábula
en que sirves café a los viajantes
que como yo han extraviado sus sombras
a la vera del camino?
¿Comprendes acaso que la realidad
yuxtapone sus fragmentos
cuando el leve roce de nuestras manos
enciende por un instante todas las alarmas?
Como un pez en un acuario
quisiera olvidarme el cristal
que separa nuestros mundos
y abalanzarme en la tibia mañana.
¡abrazarte!
pero me detiene algo más duro que el cristal:
la conciencia que ese abrazo nos causaría un daño irreparable.
A través de los cristales, la carretera 126
y más allá el bosque oscuro
habitado por especies en extinción
que el buen Dios ha abandonado a su destino.
Los automóviles pasan adheridos al asfalto
sin detenerse en esta cabaña en las lindes del bosque
que se especializa en pastelillos de jengibre
que saben como un salto mortal
en el vacío de la extensa mañana
y cuya dulzura es claramente absurda
imposible
dolorosamente bella
como tu sonrisa, Amy, querida.

I have been loving you so long

después que la radio hubo terminado sus transmisiones
levanté la cabeza
y me encontré en la realidad.
La débil lámpara cagada de moscas
iluminando el universo
el caos habitual
el regrigerador casi vacío
desplazándose entre veloces asteróides
y sobre la mesa manchada de vino
o la sangre de los sacrificios
un vaso de plástico con tres camelias
todavía fragantes.
En algún momento
habías abierto la puerta de calle
diciendo chao, hasta mañana...
Durante mucho tiempo
la puerta permaneció cerrada
y cuando tú ya no diste señales de vida
sólo dije: vete a la mierda
subiendo el volumen del receptor
para escuchar a Ottis Redding.
I have been loving you so long
inerme, desolado
carente de energía
sobre la cama deshecha
desprovisto de todo poder
y de toda ambición
me parecía flotar
en una larga angustia
como si hubiera abandonado
una importante misión
para la cual nunca estuve preparado.
Seguramente cuando te fuiste
se declaró la lluvia
y yo tal vez creí que eso tenía algún significado
olvidando que la lluvia era sólo la lluvia
como tú sólo eras una simple puta
cuyo cabello olía a ozono.
Símbolo sólo de ti misma.
Porque en ese minuto no sabía que te amaba
aunque haberlo sabido
no hubiera alterado nada.
De vuelta en la realidad
sólo deseaba
que aquel sucio sol
se quemara de una vez.

24 abril 2008

Walking Around

(slow dirty tears)

Si uno pone los pies en calle Libertad
- que es muy breve-
en diez minutos se encontrará indeciso
entre tomar por Constitución
o doblar por Insurgentes.
Personalmente siempre elijo Constitución
nada más porque me gusta el café
que preparan en Trasmondo
Pero si te vas por Insurgentes
llegarás en un santiamén a Avenida Libertadores.
Te recomiendo que te salgas de ella
inmediatamente.
Lo más fácil será tomar por Independencia
y en la cuadra siguiente
doblar por Ocho de Octubre:
una callecita llena de bazares.
Cuando hayas cachureado lo suficiente
quizás te parezca buena idea
que nos encontremos
en Libertad
esquina Hierbas Buenas.
Después podemos ir bajando por O´
Higgins
hasta Avenida Prat
por si te apetece ver
la parte sumergida.
Otra posibilidad
es dejarse llevar por Pajaritos
y luego perderse por Parques Industriales
donde suelen verse unos atardeceres magníficos
reflejados en los altos ventanales;
en los balcones donde a veces flamea algún calzón.
Alguna lágrima lenta
y a veces sucia
que baja por el ojo vigilante.
Aunque yo siempre termino
subiéndome a la cima del Torreón
que está en Capitán Orella con General Lagos.
Normalmente hay mucho viento en la cumbre
y no te imaginas lo que es saltar
desde allá arriba.

23 abril 2008

Música Pop

“But we must die, as you, to understand.”Hart Crane

Archivo de audio

Es la enésima vez que escucho esa canción.
La primera fue en la primavera del setenta y seis
cuando nos amábamos,
cuando éramos perfectos.
Después algo pasó
- no lo recuerdo -
sólo que una tarde nos miramos con sorpresa
y deseándonos suerte
nos despedimos.

Después de tanto tiempo estaba solo
y me extrañó que no estuviéramos juntos
para el triunfo del NO.
Fue la segunda vez que escuché aquel disco
sin lograr entender lo que decía
a pesar de entender cada palabra.
No tenía nada que ver con nosotros
ni con Chile.
No podía entender por qué te gustaba tanto esa canción.

La tercera vez - ya un viejo de treinta y siete años-
Me encontraba en una cantina cerca del puerto,
en mi cabeza la idea de marcharme
lo más lejos posible.
Ya iba por la cuarta piscola
cuando aquellos acordes me atacaron sin piedad
y terminé llorando miserablemente
sobre el hule que cubría aquella mesa.
Le pedí a un amigo
que guardara mi pistola,
y luego le hice señas a una puta
con la que me perdí por una calle empedrada
que conducía a un cielo endieciochado
y luego a una especie de abismo
en que estallaban miles de petardos.

La cuarta vez me sorprendió ya a fines de los noventas
transformado en un elegante señorón
amante de la música ambiental,
de los buenos vinos
y de las mujeres virtuosas.
Sintonizaba un antiguo receptor de onda corta
ignorando que el azar pudiera ser tan cruel
como para someterme una vez más
a aquella lírica desgarrada y chula
que me perforaba el hígado
y me azucaraba el esternón.

Pero esta es la quinta vez
que la escucho.
Y me doy cuenta que me he pasado la vida
huyendo de sus compases maricones,
de su letra canalla
que entendí siempre a medias.
Y por el cielo encapotado
y las circunstancias en que yazgo
deduzco que será la última.
Es una lastima
que ahora comprenda todo lo que dice.

06 abril 2008

A orillas del Rubicón

Alea iacta est

Ha pasado el tiempo, mentimos.
Es una forma de decir
que estamos más cerca que nunca
de la muerte,
que, a su vez, resulta otra forma
de mentar lo que ignoramos.
Todo se reduce a
aproximaciones zigzagueantes
en la nada del papel
donde desparramamos las palabras
que siempre tendrán asegurado
al menos un sentido,
caigan donde caigan,
le den a quien le den.
Especialmente porque no hemos dejado
de comportarnos como idiotas
y, peor aún,
de complacernos en ello.
Por eso, cada vez que abres la boca, Catón,
y más aún,
cuando coges un bolígrafo
o aporreas tu teclado,
quisiera reírme a carcajadas
pero soy demasiado civilizado para ello.
Por otra parte,
no quisiera comenzar una guerra;
no antes de tener completa
mi colección de F16s.

23 marzo 2008

Dos lágrimas por Pete

Las ideas se me vienen de repente a la cabeza, pero nunca me he calentado por averiguar cómo es exactamente el proceso. Al principio parece que no fueran mías, sobretodo cuando son demasiado buenas. El problema es que a veces son como ideas para otro gil, ¿me entendís? Como que alguien o algo se hubiera equivocado en el envío y lo que era para una persona va y te toca a vos… ¿no sé si me explico? Por eso, muchas veces las ideas no son como para mí.
Pero, el otro día se me ocurrió que tal vez el problema es que yo no me conozco del todo y algunas de esas ideas sí son para mí, porque no puede ser que el huevón que me las manda se esté equivocando a cada rato. O sea, estamos hablando de un ser superior… ¿o no?... Así que para comprobarlo se me ocurrió probar con alguna de las ideas menos importantes para ver qué es lo que pasaba, ¿cachai?
Y bueno, lo que pasó es que me di cuenta de que incluso las ideas más insignificantes tienen consecuencias que uno ni se imaginaba.
Vos sabís que yo nunca he sido un tipo violento por eso cuando me vino la idea de darle una patada en el culo a Pete –el pobre se encontraba agachado haciéndole señas a su hámster que se le había escapado- me sorprendí. Yo no era así, ¿cachai? Yo nunca he agredido a nadie que no se metiera conmigo y Pete era inofensivo. Así que no tenía sentido que yo le diera una patada en el culo, pero lo hice. Ahora pienso que fue para salir de la duda, quiero decir, para saber si esa repentina idea tenía en realidad algo que ver conmigo. Así que, tras un momento de vacilación tomé impulso y le di una tremenda patada al gordo trasero de Pete.
Lo que pasó después fue terrible.
Al recibir el formidable impacto, el pobre Pete comenzó a trastabillar para no perder el equilibrio e irse de hocico al suelo. Por unos breves segundos lo vimos mover los brazos desesperadamente tratando inútilmente de asirse de algo, hasta llegar al ventanal y tras romper los cristales desaparecer de nuestra vista. Nunca pensé que aquellos ventanales fueran tan frágiles, la verdad. Cuando salimos del asombro, nos acercamos al vacío y comprobamos que Pete yacía allá abajo, como un muñeco desarticulado sobre el techo del auto del director.
Yo pensé entonces que todos se me iban a ir encima para sacarme la chucha a patadas, pero lo que ocurrió fue justo lo contrario. Se comenzaron a apartar de mí como si se hubieran percatado de pronto que yo sufría de una enfermedad contagiosa y me encontré de pronto completamente solo en medio del sitio del crimen.
Y no sé cuánto tiempo pasó, pero recuerdo que Frau Vogel me miraba buscando tal vez una explicación. Recuerdo también que yo lloraba mientras veía cómo rescataban el cuerpo inanimado de Peter Schlager; un par de lágrimas apenas, que Frau Vogel secó amorosamente con su pañuelo de encaje. Fue entonces que me desprendí de ella y cerrando los ojos me lancé al vacío.
Aquella no fue una idea que me haya venido en aquel momento, por el contrario, era una idea bastante vieja y cuya efectividad ya había comprobado muchas veces. Me acuerdo claramente la primera vez que se me vino a la cabeza. Fue cuando se me perdió mi polca favorita. Entonces no sé por qué, arrojé con los ojos cerrados la mejor bolita que me quedaba mientras repetía; “busca a tu compañera”. Cuando abrí los ojos vi que la bolita había rodado cerca de una mata de buganvillas tras la cual se encontraba oculta mi polca.
Vagamente pensé, si es que pensé, que aquello iba a arreglar las cosas. Y después de todo tuve suerte porque caí sobre el toldo verde con festones dorados que siempre abrían en primavera. Luego, por supuesto, caí al duro suelo de ladrillos y me rompí dos costillas y el brazo izquierdo. Pero casi no sentí dolor porque casi inmediatamente perdí la conciencia.
Lo único que puedo decir es que las cosas se arreglaron.
Cuando desperté vi que en la cama vecina yacía Pete quien parecía en mucho mejor estado que yo.

- menos mal que te despertaste- me dijo
- ¿y vos no estai muerto?- me sorprendí
- No, si caí sobre el toldo verde que ponen en le primer piso-
-yo igual- le dije
- tuvimos cueva- dijo Pete esbozando una sonrisa angelical. Pero, dime una cosa -continuó- ¿cómo fue que te caíste tú también?
- no sé, salté-
-¿saltaste?-
-Sí, salté-
-Chucha, no entiendo. ¿Y por qué saltaste?
-No sé. Porque tú te habías caído, creo.
-¿En serio?- Pete pareció evaluar esta respuesta que de todas maneras le parecía rara. Después de un rato se levantó un poco en su cama y me dijo:
-Oye, negro de mierda, ¿No serás maricón? ¿no?
-Creo que no- le dije.
Cuando me sane, voy a buscar al conchesumadre que me dio la patada en la raja que me hizo caer por los ventanales –murmuró lleno de rencor.
-Fui yo- le dije.
-¿Que dijiste?-
- Que fui yo el que te dio la patada en la cueva- le repetí.
Entonces Pete comenzó a reírse a carcajadas al mismo tiempo que aullaba por el dolor que le producían los espasmos de sus risotadas.
Cuando por fin entró la enfermera nos encontró a los dos riendo y llorando al mismo tiempo. Así que la muy maraca sacó una jeringa con una aguja como para un caballo y nos pinchó la raja a los dos.
- Para que duerman tranquilos- nos dijo y cerró la puerta delicadamente.

A bordo de un viejo vapor

A  la memoria de Jorge Torres   Del pasado ascendía como niebla el alma del río   Gunnar  Ekelöf   C on   el p...