11 agosto 2009

Miedo



Miedo de los acantilados donde el viento se debate
armándose desde su propia nada
miedo de unos ojos que me ven sin que los vea
miedo de un ver ausente de ojos
miedo de una ceguera en que sólo tú eres nítida y distinta
miedo de mi mano en otra mano y otro camino y otro cielo
miedo de mi nombre
desconocido en mí
sediento en mí
amado y terminado en su plato lujoso.
Miedo amoroso y manso en el bajío
huyendo entre la cerca
saltando el arroyo
comenzando más allá otro camino
una nueva oración cuyo sentido
nuevo y solitario
dulce y soñoliento
ardiente y solapado
me irrita los ijares
la palma el párpado caído
todo cuanto era sin mí
cuanto sin mí seguirá siendo
sin sentirme
sin odiarme
sin llamarme
sin decirme otra vez
sus palabras secretas, sus cáscaras, sus restos
su voluntad de significados no encontrados
sus sospechosos sentidos trascendentes
mamados de una piedra sin tiempo
madre recta, rigurosa, milenaria
insensible a todo sano propósito
sobre todo recta
sobre todo pura
con esa pureza que me punza los vacíos pabellones
Miedo de echar mi suerte
miedo en el billete sin destino
miedo en un one way tan transitado
miedo que toca a la puerta envuelto
en el rebozo de otros años
miedo bajo la planta de mi pie que no me lleva
miedo en que mis lágrimas me borran
miedo en que se graban mis deseos
miedo en una pompa de jabón
en el exacto segundo
en el que fue.
Pompa que no es
que no será
por un par de eternidades.
Miedo en las banderas de tu batallón
miedo en las temblorosas carabinas
en la ración de agua
que nunca has de beber
en la oscuridad en que nos desvaneceremos
gritando por la patria
gritando más modestamente
por nosotros
cuando "después" sea una palabra sin sentido.

28 julio 2009

Una vida atrás


Una vida atrás,
el martes de la semana pasada,
no te conocía,
pero ahora te extraño
como si siempre hubieras estado en mí,
latente como una secreta flor
que se conoce sólo por la maravilla de su aroma.
Y es extraño pensar que ahora duermes
al otro extremo de la ciudad
mientras te pienso
y huelo la huella de tus besos en mí,
tu huella en mí
que no se borra,
que se confunde con la secreta substancia
de un deseo antiguo,
ahora fresco y angustioso
como esa inexplicable tristeza que deja la lluvia
que hemos esperado todo el verano.
La anticipación del dolor de perderte
por un capricho de los dioses
por algo que hice o que hice mal
por haberte herido sin saberlo
con la torpeza tan común
de quienes empezamos a amar
después del diluvio,
después de la guerra en que hemos ido dejando la piel
y el espíritu que éramos,
el fantasma que fuimos,
mucho antes de caer en la gracia de unos ojos:
tus ojos que me encienden
y me vuelven hermoso
como una nube desgarrada en un cielo demasiado profundo.

Santiago de Querétaro, Julio 28 del 2009

10 abril 2009

Clarabella bajo la lluvia

“Y en otras aguas oscuras recuerdas esos labios
Incompatibles
Con los tuyos, irreales
El beso glamoroso de la imagen que te saluda
Aún más joven que desnuda
Al otro lado, veías como se espejeaban tus deseos
Y ya no se trataba nada más que de ti”

Hans Schuster

Cuando aquel paraguas blanco
Cedió bajo la lluvia
Y el viento terminó por arrebatárselo
Arrojándolo a las aguas inmundas del canal,
Fue difícil saber si lloraba.
- La historia está llena de momentos como este.-
¿Había lágrimas corriendo por su rostro aquella tarde
O era sólo la lluvia implacable?
Aunque, después de todo, las lágrimas contienen un 85% de agua.
El resto, pequeñas cantidades de glucosa,
Ciertas sales minerales como el sodio y el potasio
Y algunas proteínas, de las cuales quizás la más interesante
Sea la lisozima que tiene propiedades antisépticas.
De haber estado a su lado
Tal vez hubiera inspeccionado su rostro
Y distinguido la forma de las gotas.
Las de lluvia, pequeñas esferas redondas
De entre 0,5 a 6, 5 milímetros de diámetro (los goterones)
Y las de lágrimas, con su característica forma oval,
Redonda abajo y puntiaguda arriba.
Pero estaba lejos de ella aquella tarde.
Sin embargo, fue la lluvia
Y no sus lágrimas,
La que empapó completamente
El poliéster o el percal de su grácil vestido
El perlón, la viscosa o el satén de sus sostenes
La trevira, la muselina o el prolén de sus calzones.
Transparentando su cuerpo maravilloso
Adhiriéndose a ella como una nueva piel de polímeros de poliestileno
Y yo no estaba allí
Para ofrecerle mi humilde pañuelo de tocuyo
O cubrirle con mi paraguas de amianto
Lo cual acaso haya sido lo mejor
Porque una serie de desórdenes
Emocionales,
Nerviosos,
Hormonales
Me habrían transformado en un criminal,
Un ser obsceno,
Estremecido por instintos primitivos
Incapaz de respetar su fragilidad
Su tierno desamparo ante los elementos
comprendiendo vagamente que yo
Y aquella desaforada lluvia
Éramos parte del mismo mal.
En mí, apenas una gota
De aquel veneno amargo y seductor
Pero poseedor de la misma fuerza devastadora.
(Confieso mi maldad ante los dioses de la nada.)
Sin pañuelo
Ni paraguas
Ni presencia
En la escena del diluvio
Provisto apenas de un ojo telemétrico
A una distancia de varias canchas de fútbol
He visto la maldad del viento y la lluvia
Al despojarla.
Quizás yo sea un tipo raro,
Sin ser omnisciente
A veces indirecto,
Dudo de mi propia existencia
Probablemente tan vulgar como la vuestra.
Pero aquel paraguas descoyuntado e inservible
Rescatado por mí de las contaminadas aguas del canal
Colgando de una viga como un murciélago albino
Activa en mí ciertos insondables mecanismos del deseo
Y fatalmente
Termino siempre por llorar.

15 marzo 2009

Ensayo Sobre La Aparición Y Crecimiento De Una Planta.


Ha surgido en el patio
Sin que nadie le plantara.
Su advenimiento,
Después de sorprenderme
Me hizo pensar
Que quizás cierta persona arrojase la semilla
Luego de comer la fruta
Alguna tarde del otoño pasado.
Y ahora no sé si arrancarle
O protegerle de las primeras heladas.
Difícil es saber lo que pensaba
Aquella tarde mientras mordía la dulce pulpa del fruto
Imposible saber lo que sentía
Más allá del placer inocente
Que iniciándose en su boca
Se extendía por sus arterias
Y las ramificaciones nerviosas del aparato digestivo
Hasta alcanzar el noble tejido neuronal.
Puedo imaginarla, perezosa
Retener el hueso del fruto entre los dientes
Para luego arrojarlo con fuerza entre la hierba
pensando, tal vez
Que arrojar un deshecho orgánico
No era contaminar el planeta
y sonreír entonces, ecológicamente feliz
Pero en aquel lejano otoño
Parecíame bella
Más bella que otras esclavas
Más bella que mi Staier con su cacha de madreperla
Más bella que la yegua del lechero con sus grandes pestañas rubias
Aunque el otoño pasado
No era más que una adolescente de tetas pequeñas
Y mirada insolente.
Pero los males del mundo se olvidaban
En su presencia
Y en su boca, las palabras más viles sonaban hermosas.
Por eso, hermanos míos,
No sé que hacer con este retoño
Que crece a razón de dos centímetros por noche
Y que pronto dará su fresca sombra
Sobre mi ventana.

23 noviembre 2008

Muerte de un extranjero

Durante mucho tiempo creí que Gordon se había pegado un balazo para escapar de la justicia.
Durante mucho tiempo todos pensaron que Gordon se había pegado un tiro para seguir huyendo, aunque haya sido hacia una dimensión desconocida.
El tiempo nos vino a recordar qué poco lo conocíamos.
Luego de deambular por el tiempo y el espacio infinitos, apareció un día en una calle del centro y me saludó como si nos acabáramos de ver la noche anterior. Allí, frente a mí, prendiendo su eterno lucky stricke, estaba el mismísimo y legendario Matías Gordon Zalaberry a quién habíamos enterrado hacía más de una década.
Ahora, convertido en Matt Gordon, ciudadano imperial, se expresaba en un inglés patibulario que parecía darle aún más aplomo que en sus tiempos mozos.
A pesar de que yo lo interpelaba en chileno él insistía en responderme sólo en aquel desaforado inglés.
“Ya know, motherfucker, I really wanted see ya again. Oh yeah, I really did.” Se reía. Y hasta su risa tenía un acento extraño.
Al principio creí que sólo quería tomarme el pelo, pero luego de echarnos un par de cervezas, me convencí que se sentía más cómodo hablando en la lengua del tío Sam.
Sin embargo, ante mí estaba el mismo Matías Gordon de los buenos tiempos, aunque parecía que una salvaje mutación le hubiese cambiado el bocho y hasta la expresión de la cara. Allí lo tenía, recién emergiendo de entre la pesada maquinaria y los engranajes del puerto de Nueva York.
Hacia el final de nuestra conversación, se me quedó mirando con una expresión que al principio me pareció amorosa.

- Could ya, gimme a favor, buddy?-
- ¡Si es plata, ni lo sueñes!-
- I don’t need your fucking money… just wanna see Rosita.
- Imposible, compadre –
- Nothing really impossible, man. Why I can’t see her anyway?
- Rosita se casó, huevón. ¿O creís que te iba estar esperando diez putos años?
- She got married? … Who’s the asshole she married to? ...
- Se casó conmigo.
- I see… Did she got babies?
- No, no hemos tenido hijos
- OK. Not too bad
- ¿Cómo que no es tan malo? ¿A qué te refieres, cabrón?
-Ya know, Rosita used to be my girl… I’m sure she still loves me. I mean, she probably married ya because ya used to be my buddy… Ya was kinda substitute… I guess… ya get me?
- Eres muy desgraciado, Gordon. Venís aquí, te apareces después de diez años en que todos te creíamos muerto ¿y creís que todo tiene que seguir igual? Te equivocas, cabrón.
La ira me cegaba.
Fue entonces que Gordon sacó un revólver y comenzó a quitar las balas del cilindro. Parecía muy tranquilo y hasta un poco triste. Cuando terminó, hizo girar la nuez del arma y la dejó con un ruido seco y pesado sobre la mesa.

- I just wanna be fair, buddy. Ya wanna start ? … - dijo.

Tomé sin vacilar el revólver y poniendo el cañón en mi boca, apreté el gatillo. Sentí el sabor picante de la pólvora en los labios. El arma había sido disparada no hacía mucho.
A su vez, Gordon apoyó el cañón bajo su mentón, me dirigió una sonrisa y disparó.
Cinco veces el percutor golpeó la recámara vacía. La sexta era mi turno.
No sé porqué pero tuve la certeza de que esta vez la bala se encontraba acechando, bien encajada delante del martillo. Me llevé el revólver hasta la sien y jalé el gatillo, pero en el último segundo volví el arma en contra de Gordón quien sólo abrió los ojos y alcanzó a decir “motherfucker” antes que la bala le rompiera el pecho.
Estuvo agonizando la media hora que tardó la ambulancia. Todavía estaba conciente cuando llegaron los paramédicos, pero ya era tarde.
- Gimme that gun, dude – me había dicho antes de que llegara nadie.
- Cabrón –le dije- hasta se te olvidó hablar en tu propia lengua.
Me miró con sus ojos vidriosos y me respondió:
- No la he olvidado, huevón. Sólo me hacía la idea de que estábamos en una película. Pero tú no lo cachaste nunca.
- Sólo viniste a quitarme a Rosita, maricón.
- En realidad, sólo quería verla. Pero tú te pusiste huevón.
- …
- Dame ese maldito revólver.

Gordon murió caminó al hospital. Yo iba a su lado.

- Se me disparó el arma – le dijo al enfermero. Después cerró los ojos.
En ese momento me di cuenta de que se moría por segunda vez.
Acaso para siempre.

17 octubre 2008

si estás clínicamente muerto

si estás clínicamente muerto
esto podrá parecerte familiar
unas paredes profundamente negras
los frenazos de un coche en una curva lejana
los brazos pesados
con la sensación de una lucidez absoluta
como si fueras un insecto
descubriendo su lugar en el universo
en una condición en la que casi nada tiene significado
y menos importancia
tu conciencia alcanza casi la perfección
ya no recuerdas lo que era el terror
después de atravesar los shoping centers
con una fortuna de diez dólares
y una sonrisa bovina
dejando tu baba al borde de los acantilados
el hecho de que te hayas creído el mejor
se presenta ahora en toda su infinita ridiculez
comprendes que no existe una cosa como el mejor
en una democracia parlamentaria
gracias a tu muerte clínica
haz alcanzado la sabiduría
la paz interior
el equilibrio
y ahora no comprendes a los tuyos
si te leyeran un poema
de girondo de juarroz
de rodrigo lira
sonreirías feliz
con esa sonrisa que sólo algunos difuntos
enseñan a sus desconcertados deudos
en este nuevo ámbito
eres como una mosca en un océano de leche
junto con perder la movilidad de tus patas
haz perdido la ambición
tus niveles de razonamiento se han reducido dramáticamente
un oscuro impulso te hace apreciar la repetición
el ritmo de lo que fluye acompasado
como una forma primitiva de la felicidad
es posible que haya una iglesia en las inmediaciones
solitaria en medio del campo
una iglesia
la vibración de sus campanas
agitando tus élitros
tus cuatro corazones
tus tres cerebros
se traduce en toda la felicidad asequible.

14 septiembre 2008

Una o dos vidas atrás

Una o dos vidas atrás
flotábamos en ese turbio amor
cosmonautas en la cápsula
que arrendábamos por dos sucios billetes de a cien
de cabeza en el ancho panorama que se abría ante nosotros
despreciando el punto de fuga
que nuestros mayores señalaban con temor.
Escuchábamos en cambio a las ratas
que roían despreocupadas en el entretecho
sabiendo que ningún mal les vendría de nosotros
y a veces mientras trataba inútilmente de corregir el timón
escuchaba aquellas sórdidas rancheras
brotando de tu boca bella y santa
y se me erizaban los cabellos
y toda lógica se desvanecía en el aire enrarecido
que compartíamos.
Una o dos vidas después
Y luego de todo lo ocurrido
a bordo de aquel cuarto que se deplazaba entre inviernos estelares
arribamos a un planeta en que la vida
(la nuestra)
no era ya posible.
La ciudad proclamaba a sus héroes
y ni tú ni yo figuramos en la nómina
ni éramos los hijos predilectos de papá.
Una o dos vidas después
tú ya no estás
o prefieres una silla en la rocosa superficie de un asteroide perdido
y está bien.
Yo sólo cierro la escotilla de este cuarto
Y me duermo entre las cartas que me gritan
tu falso amor maravilloso
el antiguo rumbo que extravié.

A bordo de un viejo vapor

A  la memoria de Jorge Torres   Del pasado ascendía como niebla el alma del río   Gunnar  Ekelöf   C on   el p...