Wednesday, June 28, 2006

Regreso a Oregon




El 9 de Junio tomé un vuelo directo desde Filadelfia a Portland. ¡Después de casi un año regresaba a Oregon! Mi amigo Carlos Trujillo tuvo la gentileza de llevarme al aeropuerto. Salí temprano, pero debido al cambio de hora llegué a medianoche a PDX. Desde allí tomé un taxi hasta el motel donde había reservado una habitación. Acostumbrado ya a la frialdad y a cierta especie de autismo de los habitantes de "Philly", me sorprendió la amabilidad del conductor; un tipo muy caucásico de unos cuarenta y pico que hablaba con un extraño acento extranjero. Deduje que probablemente se trataba de un ruso o de un croata. No sé si me quería hacer huevón o realmente conocía Portland menos que yo, pero anduvo perdido un buen rato hasta que finalmente dió con el lugar.

Al otro día me levanté temprano y desayuné en un pequeño restaurant oriental que se encontraba a la mano. Me atendió un chino muy joven que era una sonrisa encarnada. Me instó a probar un café con leche, especialidad de la casa, que en realidad era delicioso. Luego caminé por Broadway en dirección al centro, y este extraño ejercicio, en una sociedad que no acostumbra a desplazarse una cuadra si no es en un tanque, me llenó de una oscura satisfacción. Caminé largamente, deteniéndome a observar los negocios dispuestos a lo largo de esta avenida. Me encontraba en la parte este de la ciudad y mientras caminaba, iba recordando el libro de Chuck Pallaniuhk "Fugitivos y refugiados"... tratando de comprender la idiosincracia de este mundo que todavía me sorpende, siendo así que pasé cinco años de mi vida en él.
Mi primera excursión a Powell me costó algo más de cien dólares. Novelas en español; toda la obra de Javier Cercas y tres novelas de Kundera que ya había leído pero que me las dejé en Chile.

Aquella noche me quedé leyendo "La velocidad de la luz" de Javier Cercas que no pude soltar sino hasta terminarla. Por culpa de esto dormí hasta tarde.
Alrededor de las 11 AM mientras me encontraba en el baño secándome después de haber tomado una ducha, escuché que golpeaban a la puerta. Luego de un momento la puerta se abrió, justo cuando yo salía del baño envuelto en una toalla. Una chica pelirroja se me quedó mirándo azorada y como estática, seguramente pensó que la habitación estaba vacía y entró a hacer el aseo. "I´m sorry" dijo, procediendo a retirarse.Riendome por dentro le dije en español:"¿Quiere usted culear?" a lo cual ella respondió:"what?" y yo: "I just said: do you wanna fuck?" Desapareció inmediatamente, roja como un semáforo. Mientras me ponía los calcetines pensé: "Ya la cagaste, Miralles, siempre tan fino y delicado el huevón"...
Aquella tarde cuando regresé noté que la mucama había realizado su trabajo en mi ausencia.
La cama hecha, toallas limpias en el baño, olor a desinfectante.
Me tiré en la cama y leí un buen rato. Luego al ganarme el sueño, procedí a acostarme. Mientras me estiraba entre las frescas sábanas noté algo extraño en mi espalda. Era un papel. Con tinta roja y una letra grande y segura estaba escrito lo siguiente:
I Want
but Mommy told me "don´t talk to strangers!"
Más abajo figuraba un número telefónico.
Como es natural quedé perplejo. Luego, y a pesar de la hora, tomé el teléfono y marqué el número.
Una voz susurrante y sensual contestó al otro lado de la línea algo que en un principio no entendí pero que sonó más o menos asi:
"Welcome to Goddess of Love...
What can I do for you tonight, darling?..."
Me quedé sin aliento.
Miré el teléfono como si fuera un extraño animal al que hubiera estado tratado de extrangular.
Y luego colgué.
Al cabo de unos segundos comencé a reir. Reí hasta las lágrimas.
Mientras repetía cada tanto y con la estúpida vocesita caracterictica de los chilenos en estas circunstancias:
¡Qué buena! ... !Qué buena! ...
Fin del primer episodio.



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